Virginia Woolf diseñaría hoy una habitación propia en el metaverso
Si Virginia Woolf explorara las herramientas digitales actuales, es probable que trasladara su icónico ensayo al plano virtual. No se limitaría a escribir sobre un espacio físico, sino que diseñaría entornos digitales autónomos. Estos dominios virtuales buscarían ofrecer soberanía cognitiva, un refugio donde crear sin la presión externa.
El filtro de silencio digital como preludio
El acceso a estos espacios requeriría superar un filtro inicial de silencio digital. Este proceso no busca aislar, sino purgar el ruido constante de las redes y los algoritmos de vigilancia. Al atravesarlo, la persona se desconectaría del ritmo impuesto por las plataformas que monetizan la atención. Así se prepararía el terreno para una concentración profunda y auténtica.
Crear sin la mirada del patriarcado capitalista
El núcleo de esta habitación virtual sería su capacidad para blindar el proceso creativo. Los algoritmos que perfilan, predicen y comercializan cada gesto quedarían fuera. La arquitectura del espacio impediría que la mirada evaluadora, ya sea social o mercantil, condicionara la creación. El objetivo es restaurar la libertad íntima de pensar y hacer sin un auditorio invisible que juzga.
Quizás el mayor desafío técnico no sería programar el espacio, sino asegurar que la puerta de salida no redirija directamente a una red social para compartir lo creado. La verdadera habitación propia en el metaverso podría necesitar un airlock digital que permita descomprimir la intención antes de volver a conectar.
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