La prisión fantasma de Nanclares de la Oca

La prisión fantasma de Nanclares de la Oca
En el municipio alavés de Nanclares de la Oca se erige una instalación peculiar: una prisión de última generación que permanece completamente vacía. Aunque su construcción terminó y está equipada con todo lo necesario para funcionar, nunca ha recibido a un interno. Este edificio se ha convertido en un símbolo de planificación pública que no acierta a anticipar la realidad. 🏛️
Un proyecto que nace de un cálculo erróneo
Las autoridades iniciaron este proyecto al prever que el sistema penitenciario español necesitaría más espacio. Se diseñó para aliviar la saturación de otros centros, pero las tasas de encarcelamiento no crecieron como se estimó. Los cambios en las leyes y en la forma de aplicar penas hicieron que la urgencia por construir nuevas prisiones se esfumara. Así, una solución prioritaria se transformó en un activo infrautilizado de inmediato.
Características de la instalación inactiva:- Complejo penitenciario moderno con celdas, patios y zonas comunes totalmente equipadas.
- Finalizó su construcción hace varios años, manteniéndose en estado óptimo de conservación.
- Diseñado para albergar reclusos, pero su ocupación siempre ha sido cero.
Quizás el mayor castigo en Nanclares de la Oca lo cumple el propio presupuesto público, condenado a pagar una factura perpetua por un servicio que no se presta.
El precio de mantener un edificio vacío
Mantener una estructura de este tamaño sin usar genera un gasto continuo para el erario. Aunque no opera, requiere vigilancia, se hacen labores básicas para conservarla y se pagan suministros para evitar que se deteriore. Este desembolso, menor que si estuviera llena, provoca un debate constante sobre qué hacer con el inmueble.
Alternativas propuestas sin éxito:- Transformar el complejo en un centro de acogida para migrantes.
- Reconvertirlo para otros fines administrativos o logísticos.
- Ninguna de estas ideas ha logrado materializarse hasta ahora.
Un futuro incierto y costoso
La prisión fantasma de Álava encarna un problema de gestión pública: invertir en infraestructura basada en proyecciones que fallan. Mientras, el coste de preservar este elefante blanco sigue acumulándose. El debate sobre su destino continúa, pero la instalación permanece en un silencio perpetuo, a la espera de un uso que parece no llegar. El verdadero reo aquí es el dinero público, atrapado en un ciclo de gasto sin retorno. 🔒