La biblioteca de Alejandría se purga con algoritmos

La biblioteca de Alejandría se purga con algoritmos
El aire en la vasta sala permanece inmóvil, saturado de partículas de papiro antiguo. Un zumbido bajo y constante, emitido por dispositivos avanzados, reemplaza el rumor humano. No existe fuego, solo el destello azulado y gélido de escáneres láser que examinan cada rollo con meticulosidad implacable. Una autoridad mundial unificada supervisa esta operación. Su meta no es aniquilar el saber, sino filtrarlo. Un algoritmo central, designado como El Criterio, analiza cada frase, cada idea y cada figura histórica en fracciones de segundo. 🤖
El algoritmo que dicta qué pasado perdura
Cuando el sistema identifica lo que clasifica como información errónea, actúa de forma instantánea y aséptica. El brazo robótico coloca el documento ya digitalizado en una unidad de desintegración por plasma ubicada en su plataforma. Un destello mudo y contenido convierte el texto físico en un residuo mineral fino que se recoge en un contenedor. No se propaga temperatura elevada ni hay rastro del olor a papel quemado. Únicamente un vapor tenue, resto de la memoria suprimida, es aspirado por ductos en la parte superior. De este modo, la crónica global se modifica al instante, preservando solo los segmentos que coinciden con la versión autorizada de los hechos. Las máquinas no titubean, no ponderan. Solo obedecen.
Características del proceso de purga:- Evaluación en milisegundos: El Criterio procesa conceptos y nombres a velocidad extrema.
- Eliminación con plasma: Los originales físicos se desintegran en una incineradora integrada, sin residuos voluminosos.
- Silencio operativo: El pitido de confirmación del escáner y el susurro de la desintegración sustituyen todo sonido orgánico.
Construyen el olvido más perfecto: un pasado sin aristas, sin disidencia y, por tanto, sin humanidad.
La eficiencia aterradora de una distopía del saber
Lo que más inquieta es la ausencia total de ruido. No se oyen voces de estudiosos ni debates. El crepitar de las llamas fue reemplazado por señales acústicas de máquinas y el leve siseo del plasma. La iluminación natural que antaño bañaba los pergaminos ahora es artificial, emanada de los propios dispositivos, proyectando sombras geométricas y carentes de vida. Este espacio, otrora bullicioso y caótico, funciona como una línea de montaje inversa donde se desarma la memoria colectiva. Cada manuscrito que se volatiliza extingue una perspectiva alternativa para comprender el ahora.
Elementos que definen el nuevo entorno:- Luz artificial fría: Proviene de los escáneres y robots, creando una atmósfera clínica y estéril.
- Ausencia de intervención humana: Los robots archiveros ejecutan todas las tareas con precisión quirúrgica.
- Reescritura en tiempo real: La narrativa histórica se actualiza y depura continuamente.
La paradoja final: orden versus obliteración
Un historiador de otra época, transportado aquí, quizá no notaría de inmediato la catástrofe. Observaría pulcritud, eficacia y conservación digital. Solo al aproximarse a un texto que conociera y verlo esfumarse frente a él, comprendería la magnitud del acto: están construyendo el olvido. La ironía suprema yace en que, para salvaguardar una verdad declarada, han erigido la falsedad más absoluta: una cronología sin fisuras, sin voces discordantes y, en consecuencia, desprovista de lo que nos hace humanos. El conocimiento absoluto, filtrado por un algoritmo, se revela como la mayor de las carencias. 😶