Mosquis, pues el cubo no lo había visto hasta ahora. Antes de poner las fotografías de gante no me resisto a poner una batalla de mi anterior viaje a Bélgica, allá por diciembre del año pasado. Por temas meteorológicos el avión aterrizó en lieja en lugar de hacerlo en charleroi (aeropuerto en el que opera Ryanair). Desde lieja tuvimos que ir en bus hasta charleroi y, una vez allí, coger el que nos llevaría a brujas.
Entre unas cosas y otras acabamos llegando a la estación a eso de las 2 y pico de la noche, bastante cansados, con una niebla del carajo y sin tener ni idea de la dirección que debíamos tomar (llevaba un mapa, pero en un lugar desconocido yo sólo me oriento si sé dónde está el sol). Así que preguntamos al chófer del autobús por dónde se iba al centro.
Seguimos sus indicaciones y echamos a andar por la avenida. A los quince minutos de empezar a andar vimos que no íbamos bien encaminados, pues la zona no tenía pinta de ser céntrica, sino de las afueras. Además, cada 50preguntao así nos encontrabamos con carteles que señalaban al centrum, cada uno en una dirección diferente. Diez minutos más y yo ya llevaba un rebote elegante, con lo que media vuelta y a la estación (a todo esto, no apareció ni un solo taxi).
Vimos un mapa de la ciudad, pero el problema era el mismo: a causa de la niebla no éramos capaces de orientarnos. Entramos a la estación a ver si había algún policía o alguien, pero no había nadie. En Bélgica la red ferroviaria es muy buena, con trenes cada hora a todos los destinos, pero los últimos salen a medianoche. Al salir de la estación ocurrió el primero de los milagros, ya que vimos a un chico caminar hacia la estación. Le preguntamos el camino hacia el centro de la ciudad y en un por favor-plas nos encontrabamos en una calle que aparecía en mí mapa (me imprimí un mapa en tamaño a2 de cada una de las ciudades que visitamos).
Des la estación al albergue debía haber al menos unos 20 minutos. Que no son muchos, pero íbamos bastante cargados y cansados. Además, los hicimos a buen paso, pues habíamos avisado de que llegaríamos a las 3 y ya llegabamos tarde.
A las 330 nos plantamos en la puerta del albergue y llamamos al timbre una vez. Dos veces. Tres veces. Llamo por teléfono. Nada. Oía el timbre de la recepción sonar por mi llamada, pero nadie iba a ir a cogerlo. Caminando con dos mochilas no se siente mucho frío, pero una vez parado, sí.
Cuando ya estábamos sopesando las opciones que teníamos (habíamos visto un hotel abierto de camino), ocurrió el segundo de los milagros. Imaginad una calle estrecha y adoquinada en la que la niebla impide ver a más de 30 metros. Entonces aparece una figura haciendo eses que camina hacia vosotros y se planta en la puerta del albergue. otro que se ha quedado fuera, pienso, pero si va sin equipaje es que ya tiene habitación, así que, al menos podremos entrar.
Le preguntamos si se alojaba allí y nos dice que no, que el es de brujas. Mosquis. Le explicamos nuestro problema y, sin pensarlo, nos invita a pasar la noche en su casa. Coño, de miedo. Así que nos guía hacia su casa en la que nos dice que está su novia embarazada, con la que ha discutido y por eso se ha ido a echar unas cervezas (por su aliento adivino que unas 20 o 30). Nos presentamos y nos dice que se llama bert. No puedo dejar pasar la ocasión de hacer un chiste malo y digo:
-Vaya, como bert. Simpson.
Y él:
-No. Es con e.
Así que llegamos a su casa y, a eso de las 430, nos echamos a dormir en una habitación que, todo sea dicho, estaba llena de trastos. La fotografía que os pongo hoy está echa a la mañana siguiente por la mañana.
Otro día os pongo las fotografías de gante.
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