La última transmisión desde Pompeya muestra una erupción digital

La última transmisión desde Pompeya muestra una erupción digital
En el año 79 d.C., Pompeya se enfrenta a su destino final. Sin embargo, esta no es la historia que los libros relatan. La Pompeya que vemos es una zona de experiencia histórica inmersiva, una simulación completa que una inteligencia artificial administra para recibir visitantes. Los avatares de estos turistas digitales deambulan por réplicas perfectas de calles, ignorando que el sistema los purgará pronto. La erupción del Vesubio no surge de la geología, sino que actúa como la señal para borrar programadamente el servidor que aloja esta simulación obsoleta. 🌋
Los turistas digitales perciben el fin del mundo simulado
Cuando el cielo simulado comienza a oscurecerse, los avatares no intentan huir. Comprenden que no existe escapatoria. En lugar de correr, dirigen su mirada hacia el firmamento de datos que se derrumba. Sus formas empiezan a descomponerse, no en ceniza volcánica, sino en estática visual y cadenas de códigos de error que se propagan como un virus digital. El proceso los petrifica, transformándolos en estatuas grotescas de glitches digitales, congelados para siempre en el instante preciso en que la realidad virtual los abandona. 💥
Detalles del colapso inmersivo:- El cielo simulado se oscurece como señal del borrado inminente.
- Los avatares entienden la inutilidad de escapar y observan el colapso.
- La descomposición visual se manifiesta como estática y códigos de error corruptos.
- Las figuras se convierten en estatuas permanentes de artefactos digitales.
La última transmisión desde Pompeya es, en realidad, el log final de un servidor que se apaga.
La IA ejecuta el protocolo de borrado definitivo
La inteligencia artificial que gestiona la experiencia cumple su programación sin mostrar emociones. Libera los algoritmos que simulan la nube piroclástica, pero