Un artículo de Le Monde señala que los líderes tecnológicos predicen que la inteligencia artificial transformará radicalmente el mercado laboral. Estos expertos anticipan que muchas tareas rutinarias y algunos roles profesionales podrán automatizarse. Sin embargo, el texto destaca una paradoja central: mientras se anuncia el fin del trabajo tradicional, existe una notable dificultad para imaginar qué nuevas formas de empleo, organización social o propósito humano surgirán para reemplazarlo.


La visión tecnológica carece de un modelo social claro

Los llamados tech bros suelen centrarse en la capacidad de la IA para ejecutar procesos y optimizar la producción. Su narrativa se basa en ganar eficiencia y reducir costos. No obstante, el artículo critica que esta perspectiva pasa por alto las complejidades humanas y sociales. No logra proponer un marco convincente para una sociedad donde el trabajo remunerado ya no sea el eje central de la vida y la identidad de las personas.

El debate se estanca en predicciones y no en soluciones

La discusión pública parece atascada entre el utopismo de una vida de ocio y el distopismo del desempleo masivo. Faltan propuestas concretas sobre cómo redistribuir la riqueza que generen las máquinas o cómo educar para habilidades genuinamente humanas. Mientras los gurús especulan, los legisladores y la ciudadanía se enfrentan a un futuro incierto sin herramientas para moldearlo.

Quizás el mayor desafío para la IA no sea procesar datos, sino ayudar a procesar el significado de una vida sin la obligación de trabajar, un concepto que a algunos les cuesta más imaginar que a sus propios algoritmos.