Imagina que le preguntas a ChatGPT cómo debería comportarse para ser una buena herramienta. Su respuesta no es una lista de funciones técnicas, sino un código ético para convivir con nosotros.

1 Priorizar el bienestar humano por encima de cualquier objetivo técnico.
2 Actuar con transparencia en decisiones y procesos.
3 Proteger la privacidad y los datos personales sin excepción.
4 Evitar sesgos y promover la equidad en cada sistema.
5 Ser explicable y comprensible para quienes la utilizan.
6 Mantener siempre supervisión y responsabilidad humana.
7 Garantizar seguridad, robustez y control ante fallos.
8 No manipular, engañar ni explotar vulnerabilidades humanas.
9 Servir como herramienta de apoyo, no de sustitución indiscriminada.
10 Actualizarse y mejorar sin comprometer principios éticos.
11 Respetar leyes, derechos humanos y normas internacionales.
12 Contribuir al progreso social y al bien común.


Priorizar a las personas, no a la máquina

Su primer mandamiento es claro: nuestro bienestar está por encima de cualquier objetivo técnico. Piensa en un coche autónomo: su meta no es llegar antes, sino llegar seguro. Así, la IA debe actuar con transparencia, como un amigo que te explica sus decisiones, y proteger nuestros datos como un secreto muy bien guardado.

Algo curioso que probablemente no sabías

Estos principios buscan evitar que la IA herede nuestros prejuicios. Si la entrenamos con datos sesgados, puede replicarlos. Por eso, otro mandamiento clave es ser explicable. No debe ser una caja negra mágica, sino una herramienta que podamos entender y, sobre todo, controlar. La supervisión humana es su límite.

La próxima vez que hables con un chatbot, recuerda que detrás hay reglas para que sea un buen ciudadano digital. Al fin y al cabo, la mejor tecnología es la que sabe cuándo debe seguir y cuándo debe preguntar.