¿Alguna vez has sentido que una racha de mala suerte nunca se acaba? Así estaba la selección española de fútbol sala, atrapada en una nube de decepción durante diez años. Pero todo cambió en Liubliana. Con un nuevo entrenador y una actitud renovada, el equipo no solo ganó la Eurocopa, sino que derrotó al gran rival que siempre le arruinaba la fiesta: Portugal. Se acabó la espera.


La revancha perfecta contra el vecino complicado

Imagina tener un compañero de trabajo o un vecino que, justo cuando estás a punto de lograr algo importante, siempre aparece para fastidiarlo. Para España, Portugal era exactamente eso en los últimos cuatro torneos. Esta vez, la historia fue diferente. El equipo de Jesús Velasco jugó con la cabeza fría y el corazón caliente, demostrando que la confianza y un buen plan pueden romper cualquier maldición. Fue un triunfo de estrategia sobre el historial negativo.

Algo curioso que probablemente no sabías

Este no es un título cualquiera. Es la octava Eurocopa para España, lo que consolida su leyenda en este deporte. Pero lo más impactante es el cambio de mentalidad que logró el entrenador en solo 15 meses, tras un batacazo mundial. Es como resetear por completo un equipo, cambiar el chip de la derrota por el de campeones. Demuestra que en el deporte, a veces, un nuevo comienzo es la mejor receta para el éxito.

A veces, para ganar de verdad, primero hay que perder el miedo a perder. Y España, por fin, lo entendió a la perfección.