Irán responde a la decisión de la Unión Europea de incluir al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en su lista de organizaciones terroristas. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, anuncia este domingo que su país considera ahora a los ejércitos de los estados miembros de la UE como grupos terroristas. La medida se presenta como una represalia directa y se basa en una ley nacional que permite aplicar contramedidas recíprocas. Legisladores iraníes muestran su apoyo al IRGC durante la sesión y acusan a las naciones europeas de alinearse con los intereses de Estados Unidos.


La reacción europea califica el anuncio de infundado

Varios países europeos rechazan de inmediato la declaración de Teherán. Sus portavoces la tachan de carecer de fundamento y la describen como un acto propagandístico. La tensión diplomática escala después de que la UE sancionara al IRGC por su papel al reprimir protestas internas en Irán de forma violenta. Este intercambio de acusaciones marca un nuevo punto bajo en las relaciones entre Irán y el bloque europeo, que ya atravesaban un periodo complejo por las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.

El marco legal que Irán invoca para justificar su decisión

Irán fundamenta su acción en una ley específica de contramedidas. Este marco jurídico interno autoriza al gobierno a responder de manera recíproca cuando otro estado o unión de estados designa a entidades iraníes como terroristas. El anuncio parlamentario subraya que se trata de una respuesta simétrica y legal. Analistas señalan que este movimiento busca proyectar fortaleza frente a la opinión pública interna y desafiar la presión internacional sobre sus instituciones de seguridad.

La escalada retórica convierte ejércitos regulares en actores no estatales, un giro dialéctico que parece más propio de un guion de espionaje que de la diplomacia convencional. El tablero geopolítico a veces prefiere jugar con las palabras antes que con otras armas.