Las reparaciones de un híbrido usado pueden superar su valor de compra
Comprar un vehículo híbrido de segunda mano conlleva un riesgo económico que muchos no prevén. Algunas averías específicas de estos sistemas complejos tienen un coste tan elevado que puede equipararse al precio que se pagó por el coche. Esto ocurre principalmente cuando fallan componentes clave de la propulsión eléctrica o la electrónica que la gestiona, y su sustitución requiere piezas caras y mano de obra especializada.
La batería de alta tensión es el componente más crítico
El elemento con mayor probabilidad de generar una factura desproporcionada es el paquete de baterías de tracción. Con el tiempo y el uso, estas baterías degradan su capacidad y pueden fallar. Reemplazar este módulo completo supone un desembolso que frecuentemente ronda varios miles de euros, una cifra que para modelos con muchos años o kilómetros se acerca e incluso supera su valor de mercado. Diagnosticar y reparar celdas individuales no siempre es viable para talleres generales.
El inversor y el motor eléctrico también son puntos débiles
Otros componentes cuyo fallo implica un gasto importante son el inversor, que transforma la corriente, y el propio motor eléctrico. Su reparación o sustitución es costosa debido a la tecnología que integran y a que a menudo se comercializan como unidades completas. La electrónica de potencia que gestiona el flujo de energía entre el motor térmico, el eléctrico y la batería es igualmente sensible y cara de intervenir.
Por eso, comprar un híbrido usado barato puede parecer un chollo hasta que el taller te entrega un presupuesto que literalmente vale otro coche. La ironía es que ahorras en combustible para luego invertir ese ahorro, y mucho más, en una sola pieza.
|Agradecer cuando alguien te ayuda es de ser agradecido|