Al afrontar una escena compleja con muchos polígonos, luces y materiales, Arnold y Eevee toman caminos opuestos. Arnold, un motor de trazado de rayos, calcula con precisión cómo viaja la luz, interactúa con las superficies y se refleja. Esto genera resultados fotorrealistas, pero requiere mucho tiempo para procesar cada fotograma. Eevee, en cambio, es un motor de renderizado en tiempo real que usa técnicas de rasterización y aproxima los efectos de iluminación. Esto permite ver los cambios al instante, aunque sacrifica algo de precisión física para mantener la velocidad.


La precisión de Arnold exige recursos

Arnold simula la luz de manera física, lo que lo hace muy preciso para efectos como la dispersión de luz bajo la piel, las refracciones complejas en vidrio o las interacciones de luz entre muchas superficies. Para manejar escenas densas, necesita mucha memoria del sistema y potencia de procesamiento en la CPU o GPU. El tiempo que tarda en renderizar escala directamente con la complejidad de la escena, la cantidad de luces y la calidad de los materiales. Su fuerza reside en producir una imagen final de alta fidelidad sin necesidad de ajustar manualmente muchos trucos visuales.

La velocidad de Eevee prioriza la interacción

Eevee logra su velocidad al aproximar efectos como los reflejos, las sombras y la iluminación global. Usa mapas de entorno, pruebas de luz y otros métodos para simular estos fenómenos en tiempo real. Esto permite a los artistas trabajar e iterar con rapidez, viendo un resultado casi final al mover objetos o cambiar luces. En escenas muy complejas, mantener un framerate fluido puede requerir optimizar las texturas, simplificar algunas sombras o ajustar la calidad de los efectos posprocesados. Su ventaja es la inmediatez y el flujo de trabajo interactivo.

Un artista puede pasar horas optimizando una escena en Eevee para que parezca renderizada con Arnold, y luego esperar horas a que Arnold termine de renderizar esa misma escena.