La Agencia Espacial Europea (ESA) lidera la misión LISA, el primer detector de ondas gravitacionales que operará en el espacio. Su lanzamiento está programado para mediados de 2035 y cuenta con la colaboración de la NASA y varios estados miembros de la ESA. Al colocar sus instrumentos en el espacio, LISA podrá captar ondas gravitacionales de frecuencias más bajas que las que detectan los observatorios terrestres, lo que abre una nueva ventana para observar el universo.


Los objetivos científicos y las formas de onda

Esta capacidad permite a LISA estudiar fenómenos astrofísicos masivos, como la fusión de agujeros negros supermasivos en el centro de las galaxias o los sistemas binarios de enanas blancas dentro de nuestra propia Vía Láctea. Cada tipo de fuente genera una forma de onda gravitacional distinta, y analizar estas señales ayuda a comprender la naturaleza de los objetos que las producen y a probar la relatividad general en entornos extremos.

El papel del equipo científico de LISA

Para preparar y maximizar el rendimiento científico de la misión, la ESA y la NASA seleccionaron a veinte científicos que forman el Equipo Científico de LISA. Hasta diciembre de 2025, este grupo trabaja para definir los requerimientos de los instrumentos, desarrollar los algoritmos que procesarán los datos y planificar las campañas de observación, asegurando que la misión esté lista para descubrir cuando comience a operar.

Aunque detectar ondulaciones en el espacio-tiempo suena a ciencia ficción, el equipo se enfrenta a desafíos muy reales, como calibrar interferómetros láser con una precisión equivalente a medir el grosor de un cabello humano en la distancia que hay entre la Tierra y Júpiter.