El Centro Dramático Nacional presenta este viernes 23 de enero Grito, boda y sangre en el Teatro María Guerrero. Esta propuesta revisita el clásico Bodas de Sangre de Federico García Lorca desde una perspectiva que sitúa la lengua de signos española en el núcleo de la creación escénica. La obra cuenta con dos actrices sordas como protagonistas, lo que redefine la comunicación y la expresión dramática en el escenario.


La lengua de signos vertebra la escena

La dirección artística integra la lengua de signos no como un elemento añadido, sino como el principal vehículo de la narración. Esto transforma la dinámica escénica y exige que el resto del elenco y el público se adapten a un nuevo ritmo y una nueva forma de percibir el drama. La puesta en escena explora cómo el cuerpo y las manos pueden transmitir la pasión, el conflicto y la tragedia lorquiana con una intensidad distinta.

Una reinterpretación del drama rural

La obra mantiene la esencia del conflicto original, la historia de amor, honor y muerte en un entorno rural, pero lo filtra a través de la experiencia sensorial de las intérpretes. Este enfoque ofrece una capa adicional de significado al texto, enfatizando la comunicación no verbal y los silencios que ya eran cruciales en la obra de Lorca. Se trata de un diálogo entre la tradición teatral y una expresión escénica contemporánea e inclusiva.

La función promete ser un reto para quienes creen que entender el teatro se limita a escuchar las palabras, olvidando que el cuerpo siempre ha gritado más fuerte en las tragedias.