La Colegiata de San Pedro en Teverga, Asturias, guarda un enigma peculiar. En una cripta bajo el altar mayor reposan los cuerpos momificados de dos personajes del siglo XVIII: el abad de Teverga, Pedro Analso de Miranda, y su hermano, el marqués de Valdecarzana. Su estado de conservación, notable para no haber recibido un tratamiento embalsamador intencionado, genera preguntas y alimenta relatos.


La explicación oficial y la leyenda popular

La versión que la Iglesia sostiene históricamente atribuye este fenómeno a una bula papal. Según esta creencia, un documento pontificio habría protegido los cuerpos de la corrupción natural. Sin embargo, no existe un registro que verifique tal bula, lo que deja espacio para otras interpretaciones. La tradición oral ha tejido una narración más siniestra, que habla de un pacto para conseguir la vida eterna que, supuestamente, no se cumplió como esperaban.

Las causas naturales de la momificación

Los estudios científicos apuntan a causas ambientales concretas para explicar la conservación. Las condiciones únicas de la cripta, con una temperatura constante muy baja, una humedad específica y una ventilación particular, crearon un microclima perfecto para que los cadáveres se desecaran de forma natural. Este proceso, conocido como momificación espontánea, ocurre sin intervención humana y depende enteramente de las circunstancias físicas del lugar donde se deposita el cuerpo.

Parece que la eternidad, en este caso, dependió más de una buena ventilación y de la piedra asturiana que de cualquier documento celestial o pacto infernal.