Chipre asume la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea durante el primer semestre de 2026. Esto implica que coordina y dirige los trabajos de esta institución, organiza sus reuniones y establece las agendas legislativas y de política común. Su función principal es mediar entre los veintisiete Estados miembros cuando debaten sobre nueva legislación y prioridades estratégicas, además de representar al Consejo ante otras instituciones como la Comisión y el Parlamento Europeo.


La presidencia influye en el ritmo y el enfoque de las decisiones

Cada país que ejerce esta presidencia tiene la oportunidad de influir en cómo avanza la Unión Europea. Chipre puede marcar el ritmo de las negociaciones y priorizar ciertos temas sobre otros durante su mandato. Se espera que centre los debates en asuntos clave para la UE, como la seguridad energética, la política comercial, la defensa común, el apoyo continuo a Ucrania y la coordinación de la política económica.

Una responsabilidad que requiere equilibrio y diplomacia

El papel no es imponer una agenda nacional, sino facilitar el consenso y lograr que los países miembros avancen juntos. La presidencia chipriota debe actuar como un facilitador neutral, buscando puntos de acuerdo entre posturas a menudo divergentes. Su éxito se mide por su capacidad para lograr progresos tangibles en los expedientes legislativos que están sobre la mesa, gestionando un programa de trabajo muy denso.

Mientras tanto, en Bruselas, todos se preparan para seis meses de intensas negociaciones donde la palabra consenso se pronunciará más veces que café.