Los estados miembros de la Unión Europea dan su visto bueno al tratado comercial con el bloque sudamericano Mercosur, que integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Este respaldo político llega tras veinte años de negociaciones complejas y marca un paso crucial, aunque no el definitivo, en el proceso para que el pacto entre en vigor. La decisión de los gobiernos europeos permite que el texto avance ahora hacia la siguiente fase de ratificación.


El acuerdo enfrenta una fuerte oposición interna

El apoyo de los gobiernos no significa que el camino esté libre de obstáculos. El acuerdo genera una fuerte controversia dentro de la propia UE, especialmente entre los agricultores y las organizaciones ecologistas. Los primeros temen que la entrada de productos agroalimentarios sudamericanos, producidos bajo estándares diferentes, perjudique su competitividad. Los grupos ambientales, por su parte, alertan sobre el riesgo de que el tratado incentive aún más la deforestación en la Amazonía y otros biomas sensibles.

La ratificación final depende del Parlamento Europeo

Con el aval de los estados miembros, el foco se traslada ahora al Parlamento Europeo, que debe aprobar el acuerdo para que pueda aplicarse de manera provisional. La votación en la Eurocámara se prevé complicada, dado el amplio espectro de críticas y la presión de varios grupos políticos y de la sociedad civil. Muchos observadores consideran que, sin garantías adicionales sobre protección ambiental y cláusulas que defiendan a los agricultores europeos, los eurodiputados podrían rechazar el texto.

Después de décadas negociando, parece que el verdadero pulso no es entre continentes, sino dentro de las propias instituciones europeas, donde cada grupo tira del acuerdo hacia su lado.