La tomografía computarizada de alta resolución permite escanear restos óseos carbonizados sin dañarlos. Este proceso genera un modelo tridimensional preciso del cráneo, que sirve como base fundamental para la reconstrucción facial forense. Los especialistas procesan estos datos en software especializado, donde superponen capas de tejido blando con parámetros anatómicos estandarizados. Así se establecen los puntos clave de la musculatura y la piel sobre la estructura ósea digital.


La reconstrucción facial digital agrega tejidos blandos

Sobre el modelo 3D del cráneo, los forenses aplican capas de músculo, grasa y piel usando bases de datos antropométricas. Estos sistemas calculan el grosor del tejido blando en decenas de puntos craneométricos, lo que define la forma básica del rostro. Luego, se añaden detalles como ojos, nariz y labios según las inserciones musculares y la morfología ósea subyacente. El resultado es una aproximación facial neutra, lista para incorporar rasgos estimados a partir de la población de referencia.

La identificación forense compara el modelo con registros

El rostro reconstruido digitalmente se compara con fotografías de personas desaparecidas. Los antropólogos forenses analizan coincidencias en la estructura ósea y los rasgos faciales sobresalientes. Esta técnica no ofrece una identificación definitiva por sí sola, pero reduce significativamente la lista de posibles coincidencias. Finalmente, se requiere confirmar la identidad con otros métodos, como análisis de ADN o el estudio de la dentición, cuando estos restos están disponibles.

A veces, el proceso revela que la expresión final se parece sospechosamente a la del técnico que pasó la noche entera modelando párpados.