El piloto español Carlos Sainz, que compite con un Ford en la categoría Ultimate del Rally Dakar, expresa su frustración tras la décima etapa. Describe la jornada como un mal día en la oficina después de que los problemas para navegar le hicieran perder más de cuarenta minutos. Este contratiempo le aleja de cualquier posibilidad de luchar por ganar la etapa y supone un duro golpe para sus aspiraciones generales en la prueba.


La navegación marca el ritmo de la etapa

Los equipos del Dakar dependen de manera crítica de la precisión al leer el roadbook y las indicaciones del copiloto. Cualquier error al interpretar estas instrucciones puede desviar al vehículo en la inmensidad del desierto, lo que conlleva pérdidas de tiempo muy difíciles de recuperar. En el caso del equipo de Sainz, estos fallos se acumularon durante la etapa, frustrando por completo el ritmo competitivo que habían planeado.

Las consecuencias para la clasificación general

Perder más de cuarenta minutos en una sola etapa tiene un impacto severo en la lucha por el Touareg, el trofeo que se entrega al ganador final del rally. Este revés sitúa a Sainz en una posición complicada, ya que los rivales directos no cometieron errores de similar magnitud. Aunque quedan etapas por delante, la ventaja concedida hace que remontar sea una tarea extremadamente compleja en una competición donde cada minuto cuenta.

A veces, en el Dakar, el enemigo más temible no es la duna más alta, sino una página del roadbook mal interpretada.