La idea de que Estados Unidos compre Groenlandia a Dinamarca no es nueva, pero resurge periódicamente por su enorme importancia geopolítica y militar. La isla más grande del mundo se ubica entre América del Norte y Europa, controlando rutas marítimas clave en el Atlántico Norte y ofreciendo una posición inmejorable para vigilar el Ártico. Esta región gana relevancia a medida que el cambio climático derrite el hielo, abre nuevas vías de navegación y expone recursos naturales antes inaccesibles.


Intereses militares y recursos naturales

Desde una perspectiva de defensa, Groenlandia alberga la base aérea de Thule, un elemento crucial del sistema de alerta temprana de misiles de Estados Unidos. Controlar la isla por completo aseguraría una presencia militar permanente y ampliada en el Ártico, una zona donde Rusia y China también incrementan su actividad. Además, se cree que su subsuelo contiene vastas reservas de minerales críticos, tierras raras, petróleo y gas, recursos que son estratégicos para la economía y la seguridad energética.

Una propuesta con profundas complicaciones

La venta es, en la práctica, casi inviable. Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, y su población tiene un fuerte sentido de identidad. Cualquier transacción requeriría no solo el acuerdo del gobierno danés, sino también, y sobre todo, el consentimiento de los groenlandeses, quienes históricamente han mostrado poco interés en cambiar de soberanía. La propuesta suele interpretarse más como un gesto para recalcar el interés estratégico de Washington que como una operación realista.

Dinamarca ha rechazado ofertas anteriores de forma contundente, y Groenlandia prioriza desarrollar su independencia económica, no transferirla. Parece que, por ahora, la idea de comprar una isla de hielo y minerales permanece congelada en el ámbito de la geopolítica teórica.