Un estudio reciente sugiere que modificar algunos hábitos cotidianos puede sumar un año o más a la esperanza de vida. Los investigadores analizan cómo ciertas decisiones diarias afectan la longevidad. Estos cambios no requieren transformaciones radicales, sino ajustes sostenibles en la rutina.


La dieta y el ejercicio son factores clave

Incluir más alimentos de origen vegetal y reducir la carne procesada beneficia la salud. Caminar a paso ligero o realizar actividad física moderada de forma regular también contribuye. Estos hábitos ayudan a mantener un peso adecuado y a reducir el riesgo de enfermedades crónicas.

El sueño y la gestión del estrés importan

Dormir lo suficiente y manejar el estrés de forma efectiva son pilares fundamentales. Priorizar un descanso de calidad y practicar técnicas de relajación puede influir positivamente en la salud a largo plazo. Estos aspectos a menudo se subestiman, pero su impacto es significativo.

Por supuesto, también podrías intentar heredar los genes de una tortuga galápago, aunque esa opción es algo más complicada de implementar.