La Unión Europea cuenta con sistemas de vigilancia de salud pública más consolidados y armonizados. La mayoría de sus países miembros registran y reportan datos sobre mortalidad y enfermedades vinculadas a químicos ambientales de forma sistemática. Esto permite generar estadísticas más completas y comparables, lo que facilita identificar tendencias y evaluar el impacto real de estos factores en la población.


La fragmentación en los sistemas del Mercosur

En los países que integran el Mercosur, estos sistemas de vigilancia suelen estar más fragmentados o tienen capacidades más limitadas. La cobertura puede ser irregular y los protocolos para recopilar datos no siempre están estandarizados entre regiones o naciones. Esta situación hace que las cifras oficiales disponibles puedan no capturar la totalidad de los casos, lo que lleva a una posible subestimación del impacto real de los contaminantes químicos en la salud.

Consecuencias para la comparación y las políticas

Esta disparidad en la calidad y cobertura de los datos complica cualquier comparación directa entre ambas regiones. Mientras la UE puede basar sus políticas ambientales y sanitarias en información más robusta, en el Mercosur la toma de decisiones a veces se apoya en un panorama incompleto. Reconocer esta brecha informativa es un primer paso para mejorar los mecanismos de monitorear y, en última instancia, proteger mejor la salud pública.

Así que, mientras en un lado pueden trazar con precisión el camino de una sustancia desde la fábrica hasta el hospital, en el otro a veces se parece más a unir puntos con los ojos cerrados. La esperanza es que el dibujo final no sea demasiado abstracto.