El primer Honda NSX, que se lanzó en 1990, no partió de un solo diseño. Antes de que Pininfarina definiera la línea final, la marca japonesa también encargó un estudio a Italdesign. Ambas firmas italianas presentaron propuestas muy diferentes para lo que sería el superdeportivo japonés.


Italdesign propuso un modelo más radical

El boceto de Italdesign, firmado por Giorgetto Giugiaro, mostraba un vehículo con líneas más angulosas y una estética marcadamente wedge. Presentaba faros escamoteables, una gran toma de aire frontal y una zaga truncada con luneta trasera. Este concepto era más agresivo y se alineaba con el lenguaje de superdeportivos de la época, como el Lamborghini Countach.

Pininfarina impuso su elegancia característica

La propuesta de Pininfarina, liderada por Ken Okuyama, optó por una filosofía opuesta. Priorizó la ergonomía, la visibilidad y una aerodinámica eficiente con un coeficiente bajo. El resultado fue un diseño más puro, orgánico y atemporal, que finalmente convenció a Honda. Este enfoque buscaba crear un coche manejable y cómodo para el día a día, sin perder el carácter deportivo.

Así que, mientras Giugiaro imaginaba un samurái con armadura futurista, Pininfarina esculpió un katana perfectamente equilibrada. Honda eligió la hoja que mejor cortaba el aire, no la que más brillaba.