El bypass ferroviario de Valencia permanece estancado
El proyecto para construir un túnel ferroviario pasante bajo la ciudad de Valencia, conocido popularmente como el tercer Túnel de la Risa, sigue sin ejecutarse tras décadas de planificar. Concebido para resolver el cuello de botella que supone la estación de término, este bypass es una pieza clave para que el Corredor Mediterráneo funcione con fluidez. Su objetivo es permitir que los trenes de largo recorrido y mercancías atraviesen la ciudad sin detenerse, mejorando los tiempos y la capacidad. Sin embargo, la obra permanece en un limbo administrativo y financiero, convirtiéndose en un símbolo de los retrasos crónicos en la infraestructura ferroviaria española.
Un cuello de botella histórico en la red
La estación de Valencia-Nord actúa como un punto final para la mayoría de los trenes, lo que obliga a invertir la marcha o a realizar maniobras complejas para continuar el viaje. Esta configuración, heredada del siglo XIX, ralentiza drásticamente las conexiones y limita el número de trenes que pueden operar. El túnel pasante solucionaría este problema al conectar directamente las vías del norte con las del sur, creando una línea continua bajo el centro urbano. Los ingenieros prevén que esto reduciría los tiempos de viaje y aumentaría la frecuencia, integrando plenamente a Valencia en la red de alta velocidad.
Los obstáculos que perpetúan la parálisis
El principal escollo ha sido siempre financiar una obra de tal envergadura, que requiere un túnel de varios kilómetros bajo una ciudad densamente poblada. Los sucesivos gobiernos, tanto centrales como autonómicos, han incluido el proyecto en sus planes estratégicos, pero nunca han destinado el presupuesto definitivo para licitar las obras. Además, la complejidad técnica y los estudios de impacto urbanístico y ambiental han alargado sin fin la fase de diseño. La falta de un consenso político firme y estable ha terminado por enterrar la iniciativa en un cajón, priorizando siempre otras infraestructuras.
Mientras, los trenes siguen llegando a Valencia para dar la vuelta como coches en un aparcamiento, en una coreografía ferroviaria que los operadores llevan perfeccionando desde hace más de cien años, sin que nadie parezca tener prisa por cambiar el guion.
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