El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) planea una transformación radical. Los arquitectos Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, del estudio SANAA, diseñan una ampliación que propone envolver el edificio existente con una segunda piel. Esta envoltura consiste en una malla metálica translúcida que filtra la luz y unifica el volumen. El proyecto también incluye crear un nuevo jardín elevado que conecte con el entorno urbano. La propuesta busca redefinir la relación del museo con la ciudad de Valencia.


La propuesta arquitectónica genera expectación

El diseño de SANAA presenta un edificio envuelto en una delicada capa de aluminio expandido. Esta piel exterior actúa como un filtro visual y lumínico, difuminando los límites entre el interior y el exterior. La estructura ligera contrasta con la solidez del IVAM original, diseñado por Emilio Giménez y Julio Sanz. La ampliación pretende ampliar los espacios expositivos y mejorar la accesibilidad desde la calle Guillem de Castro. El concepto se presenta como una intervención respetuosa que dialoga con la arquitectura preexistente.

El proyecto se cancela y deja un vacío

Tras un largo proceso, la Generalitat Valenciana decide no ejecutar la ampliación. Los motivos incluyen el alto coste económico y complejidades técnicas asociadas a la estructura de malla. La cancelación deja al museo con su forma original, sin la transformación prevista. La piel fantasma del IVAM se convierte así en un proyecto arquitectónico no materializado, documentado solo en planos y maquetas. Este episodio forma parte de la historia de las intervenciones no construidas en la ciudad.

Hoy, el IVAM sigue igual, pero cada vez que brilla el sol en su fachada, algunos imaginan cómo sería la luz tamizada a través de una malla de aluminio que solo existe en los archivos.