La animación de interfaz pierde interés con un timing uniforme
Cuando todos los elementos de una interfaz se mueven con la misma velocidad y espaciado, la experiencia visual se vuelve plana. El ojo humano percibe la escena como un bloque único que carece de jerarquía y orden. Esta uniformidad hace que la transición resulte predecible y mecánica, lo que resta dinamismo a la interacción. La interfaz deja de comunicar y se limita a cambiar de estado sin guiar la atención del usuario.
El principio de jerarquía aplicado al movimiento
Para evitar que la interfaz parezca monótona, es clave establecer un orden de importancia visual mediante el movimiento. Los elementos principales, como un menú que se abre, deben animarse primero o con un énfasis distinto. Los componentes secundarios, como botones o iconos de fondo, pueden seguir con un ligero retraso o una curva de animación diferente. Este desfase crea una sensación de profundidad y dirige el foco de atención de manera natural, haciendo que la transición se perciba como un evento único y organizado.
Cómo implementar variación en el timing y spacing
La solución técnica reside en manipular las curvas de interpolación y los retrasos temporales. En lugar de usar la misma curva ease in/out para todos los objetos, se pueden asignar curvas personalizadas: una más pronunciada para elementos clave y otra más suave para los de apoyo. Introducir un offset o retraso escalonado entre los inicios de las animaciones genera el espaciado necesario. Herramientas como los editores de gráficos de animación permiten visualizar y ajustar estos parámetros con precisión para lograr un flujo más orgánico y menos robótico.
Es como si todos los músicos de una orquesta tocaran exactamente la misma nota al mismo tiempo y con la misma intensidad. Técnicamente es sonido, pero artísticamente es un desastre que nadie quiere escuchar.
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