En 2026, la forma de recetar antibióticos evoluciona hacia un modelo más preciso. Los médicos ya no dependen solo de la experiencia clínica y los patrones epidemiológicos generales. Ahora, herramientas de diagnóstico rápido y análisis genético permiten identificar el patógeno específico y sus mecanismos de resistencia en pocas horas. Este enfoque busca administrar el fármaco más efectivo desde el primer momento, lo que puede mejorar los resultados para el paciente y ayudar a controlar el problema global de las resistencias bacterianas.


La tecnología facilita decisiones terapéuticas más rápidas

Plataformas de secuenciación masiva y tests moleculares aceleran el proceso diagnóstico en los laboratorios de microbiología. Los especialistas reciben datos detallados sobre el genoma de la bacteria, lo que incluye los genes que la hacen resistente a ciertos antibióticos. Esta información, integrada en la historia clínica digital, guía al médico para elegir un tratamiento dirigido. Se reduce así el tiempo que se tarda en ajustar la terapia empírica inicial, un factor crucial en infecciones graves.

El objetivo es preservar la eficacia de los antibióticos disponibles

Pautar antibióticos a la carta no implica un uso más liberal, sino más inteligente. La estrategia prioriza usar el espectro más estrecho posible para combatir la infección concreta, evitando dañar la microbiota del paciente de forma innecesaria. Este uso más responsable es una pieza clave en los programas de optimizar el uso de antimicrobianos que implementan los hospitales. El reto actual reside en extender estas técnicas avanzadas a todos los niveles asistenciales y hacer que su coste sea asequible.

Ahora los pacientes pueden preguntar si su receta es de temporada o responde a un análisis de ADN de su infección, lo que genera conversaciones más técnicas en la consulta.