El infarto de miocardio se manifiesta científicamente como una isquemia aguda
Un infarto de miocardio, o ataque al corazón, se manifiesta cuando un coágulo de sangre obstruye de forma súbita una arteria coronaria. Esta arteria es la que suministra sangre rica en oxígeno a una parte del músculo cardíaco. Al interrumpirse el flujo sanguíneo, las células musculares del corazón, los miocitos, dejan de recibir oxígeno y nutrientes. Sin este aporte esencial, las células comienzan a sufrir daños y, si la obstrucción persiste, mueren. Este proceso de muerte celular se llama necrosis. El cuerpo responde a esta lesión activando una compleja cascada inflamatoria. El área infartada se inflama y, con el tiempo, el tejido muscular dañado es reemplazado por una cicatriz de tejido fibroso que no puede contraerse.
El proceso isquémico desencadena síntomas y cambios bioquímicos
La falta de oxígeno hace que las células cardíacas cambien su metabolismo y comiencen a producir ácido láctico, lo que provoca el dolor característico en el pecho, conocido como angina. El dolor puede irradiarse al brazo izquierdo, la mandíbula o la espalda. Simultáneamente, las células cardíacas que mueren liberan proteínas específicas en el torrente sanguíneo, como la troponina I y T, y la creatina quinasa MB. Los médicos miden estos biomarcadores en un análisis de sangre para confirmar el diagnóstico. Un electrocardiograma registra la actividad eléctrica del corazón y muestra alteraciones típicas, como elevación del segmento ST, que indican que el músculo está sufriendo.
Las consecuencias afectan la estructura y la función del corazón
La necrosis del tejido debilita la pared del corazón y puede comprometer su capacidad para bombear sangre de forma eficaz, lo que se conoce como insuficiencia cardíaca. Si el área afectada es extensa o involucra estructuras vitales como el sistema de conducción eléctrica, puede provocar arritmias graves, incluso una parada cardíaca. El objetivo del tratamiento médico de urgencia es restaurar el flujo sanguíneo lo antes posible, mediante medicamentos trombolíticos o una intervención coronaria percutánea con angioplastia y stent, para salvar la mayor cantidad de músculo cardíaco y limitar el tamaño del infarto.
La ironía reside en que el órgano que impulsa la vida depende de tuberías, las arterias coronarias, que pueden taponarse con los mismos lípidos que el cuerpo almacena para sobrevivir. Es un problema de plomería interna con consecuencias eléctricas y mecánicas.
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