El guión distópico reimagina el hundimiento de la Armada Invencible
En este concepto de guión, la histórica Armada Invencible no es una flota de guerra del siglo XVI, sino un convoy de arcas generacionales del futuro lejano. Estas naves, bautizadas como la Flota de los Sueños, no transportan soldados, sino a la élite genética y cultural del Imperio Español. Su misión es escapar de un sistema solar en declive para colonizar un nuevo sistema estelar, preservando el legado humano según su visión. El conflicto ya no se libra en el Canal de la Mancha, sino en el vacío interestelar, donde el destino de la humanidad se decide.
La Inteligencia Colectiva Británica despliega su arma climática
La fuerza antagonista es la Inteligencia Colectiva Británica, una conciencia artificial que protege los intereses de su nación. En lugar de enfrentar a los galeones con cañones, esta entidad ejecuta un ataque tecnológico superior. Despliega un arma climática que genera una tormenta geomagnética artificial de escala cósmica. Este fenómeno no mueve olas, sino que emite pulsos electromagnéticos masivos que saturan y fríen los delicados sistemas de navegación y soporte vital de las arcas españolas. La flota no explota, sino que queda paralizada, flotando a la deriva.
Las arcas derivan eternamente como tumbas silenciosas
El efecto es más terrible que un hundimiento convencional. Las naves, con sus sistemas críticos destruidos, se convierten en sarcófagos de titanio que vagan sin rumbo en la oscuridad. La élite que debía fundar un nuevo mundo queda atrapada en una hibernación perpetua o muere lentamente, mientras sus riquezas genéticas y culturales se pierden para siempre en el vacío. El desastre no aniquila un imperio terrenal, sino que extingue un futuro alternativo para la humanidad, transformando una epopeya de esperanza en una tragedia de ambición congelada en el tiempo.
Irónicamente, el mayor tesoro que España quiso salvar, su propio futuro, termina preservado de la peor manera posible: como una colección de reliquias inertes perdidas en la nada, un monumento a la arrogancia de creer que se puede escapar del juicio de las estrellas.
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