En el debate político español surge una pregunta recurrente: ¿por qué no se condiciona el cobro de subsidios por desempleo a participar en programas de empleo público para limpiar y mantener montes? Esta idea, que algunos presentan como una solución triple para el paro, la utilidad pública y la prevención de incendios, no forma parte de la estrategia sistemática del Gobierno. La postura oficial se basa en tres pilares: proteger el carácter asistencial de las prestaciones, garantizar que los planes de empleo sean voluntarios y respetar el reparto de competencias entre el Estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos. Este marco legal y filosófico choca con las críticas de quienes ven una oportunidad desaprovechada.


Los argumentos a favor y en contra generan un debate social

Los defensores de vincular ambas cosas argumentan que España tiene una tasa de paro estructural alta y un problema grave con los incendios forestales cada verano. Proponen que una política activa así podría reducir el riesgo de incendios, generar experiencia laboral en un sector con demanda y reforzar la idea de corresponsabilidad social. Insisten en que no se busca estigmatizar a las personas desempleadas ni sustituir puestos de trabajo estables por mano de obra subvencionada, sino crear una vía de utilidad pública temporal. Desde el otro lado, se responde que forzar ese vínculo degradaría la naturaleza de la protección social, que es un derecho, y podría crear conflictos con las administraciones autonómicas, que tienen las competencias en materia forestal y de emergencias.

La complejidad administrativa y legal frena la iniciativa

Más allá del debate de principios, implementar una medida así enfrenta obstáculos prácticos considerables. Organizar, supervisar y asegurar a miles de personas en tareas forestales en todo el territorio nacional requiere una logística enorme y una coordinación ejemplar entre ministerios y comunidades autónomas. Además, el marco legal actual de los subsidios por desempleo no prevé este tipo de contraprestación laboral obligatoria. Cualquier cambio requeriría una reforma legislativa profunda que, según el Gobierno, pondría en riesgo el carácter de derecho subjetivo de las prestaciones y podría enfrentar recursos de inconstitucionalidad.

Mientras el debate teórico continúa en foros y tertulias, los montes esperan a que alguien decida quién y cómo los va a limpiar, preferiblemente antes de que llegue el calor.