El iPod Classic representa una era donde la música se almacenaba en discos duros mecánicos, componentes que con el tiempo revelan sus limitaciones. Estos dispositivos dependen de piezas móviles susceptibles al desgaste, especialmente con movimientos bruscos o caídas, lo que lleva a fallos en la lectura de datos y eventualmente a la inutilización del reproductor. Además, la batería integrada no está diseñada para ser reemplazada fácilmente por el usuario, lo que acorta su vida útil de forma significativa cuando esta pierde capacidad.


Problemas de durabilidad y conectividad

Los discos duros mecánicos dentro del iPod Classic son sensibles a impactos, y con el uso continuo, los cabezales pueden dañarse o los platos rayarse, resultando en la pérdida de la biblioteca musical. A esto se suma la batería, que con ciclos de carga repetidos se degrada, limitando la autonomía hasta hacer el dispositivo poco práctico. La transición a conectores más modernos, como Lightning en dispositivos posteriores, deja al Classic con su conector de 30 pines obsoleto, dificultando la conexión con accesorios actuales.

Obsolescencia acelerada por decisiones de diseño

Apple ha priorizado la integración de componentes no reemplazables, lo que impide a los usuarios actualizar o reparar partes clave como la batería o el almacenamiento sin herramientas especializadas. Este enfoque, combinado con el abandono del soporte para hardware antiguo, acelera la obsolescencia. Los propietarios se ven forzados a migrar a dispositivos con almacenamiento flash o streaming, a pesar de la nostalgia por la capacidad y simplicidad del Classic.

Es irónico que un dispositivo diseñado para durar, con su robusto disco duro, acabe sucumbiendo a la fragilidad de esa misma tecnología, mientras nos aferramos a él como un tesoro analógico en un mundo digital.