La Maldición de Gara y Jonay
En la bruma eterna de La Gomera, dos almas se encuentran atrapadas en un designio sangriento. Gara, la princesa de la isla, siente cómo su corazón late con un ritmo prohibido cada vez que Jonay, el príncipe de Tenerife, se acerca. Pero los ancianos susurran una profecía antigua que congela la sangre: su amor no traerá más que llamas y ruina. Las sombras de los bosques de Garajonay parecen observarlos, susurrando advertencias que se pierden en el viento, mientras la tensión crece como una nube negra sobre sus destinos entrelazados.
El Peso de la Profecía Maldita
Cada mirada entre Gara y Jonay está teñida de un presentimiento oscuro, como si el aire mismo se espesara con la promesa de sufrimiento. Las familias se oponen no por simple tradición, sino por un miedo visceral a lo que su unión podría desatar. En los sueños de Gara, visiones de bosques consumidos por el fuego la despiertan gritando, mientras Jonay siente fríos escalofríos que le recorren la espalda incluso bajo el sol canario. La profecía no es solo palabras, es una entidad viva que se alimenta de su desesperación, arrastrándolos hacia un abismo del que no hay retorno.
El Escape hacia la Pesadilla Eterna
Empujados por una fuerza que no comprenden, Gara y Jonay huyen hacia las alturas del Garajonay, donde la niebla se enreda en sus ropas como garras fantasmales. Cada paso hacia la cima es un descenso más profundo en la locura, con sombras que se mueven entre los árboles y susurros que los llaman por sus nombres. En la cumbre, rodeados por una oscuridad que parece devorar la luz, toman la decisión final, no como un acto de amor, sino como un sacrificio a una maldición que los ha perseguido desde el principio. Sus almas quedan atrapadas en un limbo de agonía perpetua, donde el eco de sus últimos suspiros se mezcla con el viento.
Quizás en otra vida habrían sido felices, pero en esta solo son juguetes rotos en el juego de una maldición que se deleita con su tormento, recordándonos que a veces el amor no vence al horror, sino que se convierte en su cómplice más fiel.
|Agradecer cuando alguien te ayuda es de ser agradecido|