El Pabellón de los Hexágonos se levanta en la Casa de Campo de Madrid como un testigo silencioso de la arquitectura visionaria de los años cincuenta. Originalmente construido para la Exposición Universal de Bruselas de 1958, este edificio modular y futurista fue desmontado y trasladado a España con la intención de convertirse en un espacio cultural permanente. Sin embargo, el paso del tiempo ha dejado su huella en las estructuras prefabricadas, que hoy muestran un deterioro evidente pero conservan su estética única.


El diseño modular y su legado arquitectónico

Su estructura se compone de hexágonos interconectados que forman un conjunto geométrico y armonioso, representando la innovación tecnológica de su época. Los materiales prefabricados permitieron un montaje rápido y eficiente, aunque hoy en día muchos de estos elementos presentan grietas y desconchones. A pesar del abandono, el pabellón sigue siendo un ejemplo notable de la arquitectura moderna y su capacidad para adaptarse a diferentes entornos.

El olvido y el deterioro progresivo

Tras su reubicación en Madrid, el edificio nunca llegó a cumplir con el propósito cultural que se le había asignado. Las autoridades no lograron darle un uso continuado, y poco a poco fue cayendo en el olvido. La falta de mantenimiento ha acelerado su deterioro, con la vegetación invadiendo algunos espacios y la estructura perdiendo parte de su integridad original. Aunque existen propuestas esporádicas para su rehabilitación, ninguna ha llegado a materializarse de forma definitiva.

Es como si alguien hubiera guardado una joya arquitectónica en el trastero y se hubiera olvidado completamente de ella, dejando que el polvo y el tiempo hicieran el resto.