El matemático que vivía en las maletas de sus amigos todavía no tiene una película
¿Alguna vez te has preguntado cómo sería la vida de un genio sin casa? Imagina a un tipo que, en lugar de pagar alquiler, se presentaba en casa de colegas con una maleta y la famosa frase: Mi cerebro está abierto. Así era Paul Erd?s, probablemente el matemático más nómada y productivo de la historia.
El arte de hacer matemáticas de sofá en sofá
Su método era único: viajaba por el mundo con una maleta medio vacía, viviendo de la hospitalidad de otros matemáticos. A cambio, les ofrecía su mente brillante para resolver problemas juntos. Era como un intercambio cultural, pero de teoremas. Su moneda era la colaboración, y pagaba con ideas que valían más que oro en su campo.
Algo curioso que probablemente no sabías
Tenía su propio lenguaje. Decía que los niños eran épsilons (una letra griega que en matemáticas significa algo muy pequeño) y que Dios tenía un libro con las demostraciones más bellas. Su obsesión era tal que medía su productividad en horas Erd?s, el tiempo que podía trabajar sin parar, a veces días enteros con apenas unas pastillas de cafeína.
Su vida fue una demostración viviente de que la genialidad no necesita un escritorio fijo, sino una mente siempre inquieta. Quizás la próxima vez que un amigo se quede a dormir en tu sofá, estés albergando a un futuro Erd?s.