La Unión Europea debate su capacidad para defenderse poniendo de manifiesto que no
El artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea establece una cláusula de defensa mutua. Obliga a los estados miembros a prestarse ayuda si uno sufre una agresión armada. Este compromiso es político y jurídicamente vinculante. Sin embargo, su efectividad real genera dudas entre analistas y líderes. La pregunta central es si Europa puede convertir este principio en una respuesta militar coherente y rápida.
La preparación militar presenta divergencias significativas
Los ejércitos europeos no están estandarizados y sus capacidades varían mucho. Algunos países invierten poco en defensa, mientras otros mantienen fuerzas más potentes. Esto complica operar juntos de forma eficaz. Además, existen duplicidades en algunos sistemas de armamento y lagunas en áreas clave como transporte aéreo estratégico o defensa antimisiles. Coordinar estos ejércitos diversos en una crisis exigiría un esfuerzo logístico enorme.
La coordinación política es un obstáculo fundamental
Activar la cláusula requiere una decisión unánime del Consejo Europeo. En un escenario de alta tensión, lograr ese consenso podría demorar la respuesta. Cada estado prioriza su soberanía nacional en materia de defensa. La arquitectura de seguridad europea se solapa con la OTAN, donde la mayoría de miembros también participan. Esto crea un debate constante sobre si la UE debe actuar de forma autónoma o siempre bajo el paraguas de la Alianza Atlántica.
La ironía reside en que el artículo más solemne del tratado, a menudo llamado cláusula de defensa mutua, depende para funcionar de la voluntad política que con más frecuencia escasea en Bruselas.