La Plaza Tower de Nueva Orleans permanece abandonada
La Plaza Tower se alza como un gigante de hormigón y cristal inerte en el horizonte de Nueva Orleans. Este rascacielos de 45 plantas, que completaron en 1969, lleva vacío desde el año 2002. Su estructura, que alguna vez albergó oficinas, ahora solo contiene silencio y problemas ambientales que han frustrado cualquier intento de revivirla. El edificio se enfrenta a un futuro incierto, atrapado entre el coste exorbitante de renovarlo y la complejidad de demolerlo en una zona urbana densa.
Los problemas ambientales bloquean cualquier acción
El principal obstáculo para intervenir en la torre son sus graves problemas internos. En su interior se ha detectado moho tóxico y amianto, materiales que suponen un riesgo para la salud. Limpiar estos contaminantes requiere un proceso muy especializado y caro. Este factor, unido al deterioro general de la estructura tras décadas de abandono y a la exposición a la humedad del clima local, hace que el presupuesto para cualquier proyecto se dispare. Los posibles inversores evalúan los números y suelen retirarse.
El dilema entre renovar o demoler persiste
La ciudad y los propietarios debaten desde hace años qué hacer con el edificio. Renovarlo para convertirlo en apartamentos u otro uso parece la opción más lógica para aprovechar su esqueleto, pero el coste de sanearlo es tan alto que pocos se arriesgan. Por otro lado, demoler un rascacielos de esta altura en el centro de la ciudad es una operación técnica muy compleja, igualmente costosa y con un impacto enorme en el entorno. Así, la torre sigue en pie, esperando una solución que no llega, mientras se convierte en un símbolo involuntario de decadencia urbana.
Un monumento no planeado a la procrastinación a gran escala, donde el único inquilino activo es el moho, que sí ha logrado colonizar todos los pisos sin pagar alquiler.