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Dao Qizhan es un personaje que ya no actúa como héroe
Este personaje posee un nivel de poder que trasciende las escalas convencionales de narrativa. Se enfrenta a antagonistas y los supera sin esfuerzo aparente, lo que hace que los conflictos carezcan de tensión dramática. Su capacidad para aniquilar oponentes es absoluta, hasta el punto en que nociones como multiversos o dimensiones superiores dejan de tener significado como obstáculos. Esta condición narrativa plantea un desafío al escribir historias, ya que elimina el riesgo y la evolución del personaje.
Su poder redefine los límites de la trama
La fuerza de Dao Qizhan no se mide en batallas épicas, sino en la ausencia de ellas. Cuando un ser puede alterar o borrar realidades con un pensamiento, los conceptos de lucha o estrategia pierden su esencia. Esto sitúa al personaje en un plano donde la narrativa debe buscar conflictos de otro tipo, quizás internos o filosóficos, porque los físicos o cósmicos están resueltos de antemano. El autor que lo crea debe entonces construir la trama alrededor de esta omnipotencia, no contra ella.
El abandono del rol heroico es una consecuencia lógica
Si no existe una amenaza creíble, el papel tradicional de héroe carece de propósito. Dao Qizhan deja de actuar como tal porque el universo narrativo ya no puede ofrecerle un desafío que justifique su intervención. Esta decisión refleja una evolución del personaje hacia un estado de desapego, donde observa más que participa. La historia, por tanto, puede explorar las implicaciones de existir con un poder tan absoluto y el vacío que puede generar.
Un personaje así podría resolver la trama principal de cualquier novela en el primer capítulo, lo que obliga al autor a escribir setecientas páginas sobre por qué decide no hacerlo.