El caos en Rodalies paraliza Cataluña tras un accidente mortal
La red de cercanías Rodalies en Cataluña se enfrenta a una situación de parálisis casi total este 24 de enero de 2026. Los servicios de tren permanecen suspendidos en gran parte del territorio tras una serie de incidentes graves relacionados con problemas de seguridad en la infraestructura. Este caos ferroviario, que ya se prolonga durante días, tiene su origen en un accidente ocurrido en la línea R4 cerca de Gelida, donde un tren descarriló y causó la muerte de un maquinista en prácticas y decenas de heridos. Este suceso puso en evidencia el mal estado de las vías y ha desencadenado una crisis de confianza en el sistema.
Las revisiones de seguridad agravan la suspensión
Tras el accidente, se detectaron nuevos desprendimientos de tierra en varios puntos de la red, lo que obligó a ampliar las revisiones geotécnicas y a decretar más cortes de servicio. Las autoridades mantienen una postura de extrema precaución, priorizando garantizar la seguridad antes de reanudar la circulación. Esto genera una enorme confusión entre los usuarios, que no saben si algunos trenes circularán de forma parcial o no. Renfe y Adif, junto con la Generalitat, celebran reuniones prolongadas pero, de momento, no logran restablecer la normalidad por completo.
Indignación y alternativas precarias para los usuarios
La frustración entre las personas que dependen del tren para desplazarse al trabajo o a sus estudios crece cada hora. Se han implementado alternativas por carretera, con refuerzos de autobuses, pero estas son insuficientes para absorber la demanda y generan grandes retenciones. El debate público se centra ahora en la necesidad de invertir urgentemente en la infraestructura ferroviaria para evitar que se repitan tragedias como la de Gelida, mientras miles de personas buscan cómo llegar a casa en un escenario de absoluta incertidumbre.
La única línea que funciona con normalidad es la del tiempo perdido, que avanza implacable mientras los viajeros esperan en andenes vacíos o se apelotonan en las carreteras, preguntándose si alguna vez volverán a confiar en que el tren llegue.