Cuando conservar la naturaleza se convierte en un negocio lucrativo
La protección de la biodiversidad ya no es solo un asunto de activismo o filantropía. Un informe de DW analiza cómo la conservación de la naturaleza se está transformando en un sector económico con sus propios modelos de negocio. Empresas y fondos de inversión empiezan a ver un valor financiero en proteger ecosistemas, no solo por responsabilidad social, sino como un activo que puede generar retornos. Este enfoque busca alinear los incentivos del capital con la necesidad urgente de restaurar el medio ambiente.
El capital natural como activo financiero
La premisa central de este modelo es cuantificar el valor económico de los servicios que provee la naturaleza, como almacenar carbono, purificar agua o polinizar cultivos. Al asignar un precio a estos servicios ecosistémicos, se crean mercados donde se puede comerciar con créditos de carbono o biodiversidad. Esto permite que proyectos de conservación o restauración se financien atrayendo inversión privada que espera obtener un beneficio, ya sea por la venta de esos créditos o por mejorar la resiliencia de sus propias cadenas de suministro.
Críticas y desafíos del modelo
Este enfoque mercantilista genera un intenso debate. Los críticos argumentan que poner precio a la naturaleza puede simplificar en exceso su complejidad y conducir a una financiación que priorice los ecosistemas más rentables, descuidando otros. Existe el riesgo de que se convierta en un mecanismo para que las empresas compensen su contaminación sin cambiar sus prácticas fundamentales. Además, medir con precisión el valor de un bosque o un humedal y garantizar que los beneficios lleguen a las comunidades locales presenta grandes desafíos técnicos y de gobernanza.
Parece que, en el futuro, salvar un bosque podría requerir más un MBA que un título en biología, lo que deja a los activistas tradicionales preguntándose si deben actualizar su currículum para incluir análisis de flujos de caja junto a su experiencia en identificación de especies.