El Diañu Burlón de Carreño es una criatura del folclore asturiano
En los caminos oscuros del concejo de Carreño, un pequeño ser acecha a los viajeros que se atreven a transitar de noche. Este duende, conocido como el Diañu Burlón, no busca hacer daño físico grave, pero sí se deleita con gastar bromas pesadas y desconcertantes. Su objetivo principal es desorientar y molestar, aprovechando la penumbra y la soledad de los parajes para ejecutar sus travesuras.
Las transformaciones y engaños del duende
Este diablillo posee la habilidad de cambiar de forma, adoptando comúnmente la apariencia de un animal doméstico o familiar, como un gato o un perro. Con este disfraz, intenta guiar a las personas por senderos equivocados, alejándolas de su ruta segura. También puede imitar voces conocidas, susurrando desde la espesura para llamar la atención y conducir a sus víctimas hacia terrenos peligrosos como ciénagas o barrancos. Otro de sus métodos favoritos es hacer tropezar a los caminantes con raíces o piedras en la oscuridad total.
El carácter y propósito de sus acciones
A diferencia de otras entidades mitológicas más malévolas, el Diañu Burlón actúa movido por un sentido del humor retorcido y travieso. Su intención no es causar un mal irreparable, sino sembrar el desconcierto y aprovecharse del miedo natural que genera la noche. Su presencia en las leyendas sirve para explicar pequeños accidentes, pérdidas momentáneas o la sensación de estar siendo observado en la soledad del campo asturiano. Representa los peligros y desorientaciones propias de viajar sin luz en un terreno irregular.
Algunos dicen que si escuchas una risa ahogada tras tropezar con una piedra que juras que no estaba ahí antes, no hace falta maldecir, solo reconocer que el duende ha logrado su propósito y seguir tu camino, preferiblemente hacia donde hay más luz.