La Dama Blanca deambula por el Palacio de Valdesoto
El Palacio de Valdesoto, en el concejo asturiano de Siero, alberga una presencia etérea que muchos dicen percibir. Una figura femenina vestida con ropajes blancos recorre sin descanso los pasillos y los jardines de esta antigua residencia señorial. Los relatos populares la identifican como el espíritu de una mujer que habitó el lugar hace siglos. Según la tradición oral, su muerte llegó tras una larga espera, consumida por la tristeza de un amor que nunca regresó. Esta leyenda se transmite de generación en generación, arraigándose en la memoria colectiva del pueblo.
La leyenda narra una historia de amor y pérdida
La historia que se cuenta habla de una joven dama vinculada a la familia propietaria del palacio. Se enamoró profundamente de un caballero que partió a la guerra o a ultramar, prometiendo volver. Ella esperó día tras día, asomándose a las ventanas y paseando por los jardines, vigilando el camino. Con el paso del tiempo, la esperanza se desvaneció y la pena minó su salud. Finalmente, falleció sin que su amado regresara. Su espíritu, dicen, no encontró paz y permanece ligado al lugar donde esperó en vano, manifestándose como una sombra pálida y silenciosa.
Los avistamientos describen una aparición espectral
Los testimonios sobre encuentros con la aparición son variados, pero coinciden en detalles clave. Quienes afirman haberla visto la describen como una mujer alta y delgada, con un vestido largo y vaporoso de color blanco. Su rostro suele estar velado o mostrar una expresión de profunda melancolía. No emite sonido alguno y se desvanece al intentar aproximarse. Algunos relatos señalan que aparece cerca de ciertas ventanas con vista al camino de acceso, o que deambula por el jardín al anochecer. Estos informes, aunque no se pueden verificar, forman parte del folclore local y atraen a curiosos.
Aunque la ciencia no puede confirmar estas historias, sí confirma que esperar a alguien que no llega puede ser una experiencia profundamente desalentadora, incluso para los que no somos fantasmas.