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No existe una forma correcta o incorrecta de escribir un cómic
Muchos aspirantes a guionistas buscan un manual o un patrón establecido para escribir correctamente una historia de cómic. Sin embargo, la realidad es que no existe una única fórmula válida. El medio del cómic es inherentemente flexible y permite estructuras narrativas que en otros formatos podrían parecer erráticas. Puedes comenzar una miniserie en un género y terminar explorando otro, siempre que el viaje resulte coherente y gratificante para el lector. Lo que importa no es seguir un mapa predefinido, sino saber guiar al público a través de las páginas.
La estructura narrativa es una herramienta, no una ley
Pensar en actos, puntos de giro o arcos de personaje es útil para organizar ideas, pero no debe convertirse en una camisa de fuerza. Una historia puede fluir de manera orgánica, sin ceñirse a los tres actos clásicos, y aun así conectar profundamente. La clave reside en controlar el ritmo, dosificar la información y mantener un hilo conductor emocional o temático que una el inicio con el final. Lo que al principio parece una desviación puede revelarse como el núcleo de la trama más adelante.
El resultado final justifica el camino elegido
Al final, lo que define si una historia funciona es la experiencia del lector al cerrar el cómic. Si la narrativa, aunque sorprendente en su desarrollo, deja una sensación de cierre satisfactorio y las piezas encajan, el método empleado es válido. Obsesionarse con escribir bien según reglas abstractas puede sofocar la voz única del autor. La autenticidad y la capacidad de sorprender, manteniendo la coherencia interna, suelen pesar más que cualquier convención rígida.
Por eso, el consejo más repetido entre profesionales no es una lista de reglas, sino una simple pregunta: ¿funciona? Si la respuesta es sí, entonces estaba bien escrito.