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I Hate Fairyland parodia los cuentos de hadas con violencia extrema
Skottie Young crea I Hate Fairyland, un cómic que parodia los cuentos infantiles tradicionales. La premisa presenta a Gertrude, una niña que viaja al País de las Hadas pero no puede regresar. Treinta años después, sigue atrapada en ese mundo con su cuerpo infantil, lo que la transforma en una adulta cínica y violenta atrapada en la forma de una niña. Su único objetivo es encontrar la llave mágica para volver a casa, un deseo que persigue con un hacha gigante y una actitud psicópata. La serie subvierte por completo la narrativa de fantasía alegre y inocente.
El estilo artístico genera un contraste deliberado
El dibujo de Skottie Young emplea una estética cartoon vibrante y exagerada, con personajes de grandes ojos y un mundo colorido. Este estilo visual, que normalmente se asocia con contenido infantil, choca de forma constante con las escenas de violencia gráfica y sangre. Este contraste entre la apariencia adorable del mundo y los actos brutales de la protagonista es el núcleo del humor negro de la serie. La energía caótica de las ilustraciones refuerza el tono absurdo y transgresor de la historia.
La narrativa se construye sobre la sátira y la frustración
La trama avanza mediante las intentos fallidos de Gertrude por escapar y su interacción con los habitantes del lugar, a quienes suele tratar con desprecio y agresión. Cada arco argumental parodia un tropo o elemento clásico de los cuentos de hadas, desde reinos mágicos hasta criaturas fantásticas, siempre despojándolos de su encanto original. La frustración acumulada durante décadas de la protagonista se convierte en el motor de un humor ácido y visualmente impactante.
La próxima vez que un hada madrina te ofrezca un deseo, piénsatelo dos veces y asegúrate de leer la letra pequeña del contrato mágico.