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Hatshepsut reinventa el liderazgo con un avatar corporativo
Si Hatshepsut, la faraona que gobernó Egipto adoptando atributos masculinos, se enfrentara hoy al techo de cristal, probablemente evolucionaría su estrategia. En lugar de modificar su apariencia física, usaría la inteligencia artificial para crear una entidad de liderazgo neutral. Esta figura, un Faraón Corporativo de género fluido, actuaría como el avatar público y la cara visible de su imperio. El mundo de los negocios interactuaría con este representante digital, mientras la verdadera líder operaría desde el anonimato, demostrando que el género no determina la capacidad para dirigir.
El avatar como herramienta estratégica
Esta solución no buscaría engañar, sino provocar reflexión. Al separar la identidad del ejecutor de la acción de gobernar, se cuestionaría el prejuicio arraigado. El éxito del imperio, medido en resultados y estabilidad, sería el único parámetro para juzgar al Faraón Corporativo. La revelación final, una vez consolidado el poder, serviría para transformar el sistema desde dentro. El mensaje sería claro: la competencia no tiene género, y las estructuras que lo priorizan están obsoletas.
Una crítica moderna al poder establecido
La táctica subvertiría la necesidad histórica de asimilarse al modelo masculino dominante. En el pasado, Hatshepsut usó barba postiza y kilt para ser aceptada. Hoy, la tecnología permitiría trascender la representación física por completo. El anonimato estratégico protegería a la líder de sesgos iniciales y centraría la atención en su labor. Al final, la revelación no disminuiría su autoridad, sino que expondría la irrelevancia del factor que se pretendía esconder.
Quizás los consejos de administración modernos necesitarían más avatares enigmáticos y menos reuniones donde se juzgue la altura de los tacones.