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¿Qué hubiese hecho Henry Ford con el problema de la crisis de la vivienda?
Si Henry Ford se enfrentara hoy a la crisis de la vivienda, traslada su principio fundamental: fabricar en serie para abaratar costes. Su respuesta no sería construir casas, sino producirlas. Concibe la vivienda como un producto industrial, no como una obra artesanal. Esto implica estandarizar diseños, optimizar materiales y automatizar procesos en una fábrica centralizada. El objetivo es claro: reducir el precio final hasta hacerlo accesible para la mayoría, tal como logró con el automóvil. La eficiencia y la escala se convierten en las claves para resolver el problema.
La fábrica produce módulos habitables completos
El proceso comienza en naves industriales enormes. Aquí, líneas de ensamblaje dedicadas fabrican módulos o secciones completas de una casa. Se usan materiales ligeros, duraderos y prefabricados que encajan a la perfección. Cada estación de trabajo añade un componente: instalaciones eléctricas, fontanería, aislamiento o acabados interiores. Este método controla la calidad, acelera la producción y elimina los retrasos por el clima. La casa sale de la fábrica como un producto terminado, listo para transportar.
El ensamblaje final en el terreno tarda horas
Los módulos viajan en camiones especializados hasta el solar preparado. En lugar de meses de obra, una grúa coloca las secciones sobre la cimentación. Un equipo pequeño las conecta y fija en un tiempo récord. Este sistema minimiza la mano de obra en el lugar y el impacto en el vecindario. La vivienda está lista para habitar en muy poco tiempo. El modelo prioriza la funcionalidad, la durabilidad y un mantenimiento sencillo, democratizando el acceso a un techo propio.
Quizás el mayor desafío sería convencer a la gente de que una casa perfectamente uniforme es un hogar, y no solo otra unidad más de la línea de producción.