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Arquímedes diseña un principio de flotabilidad orbital
Si Arquímedes se enfrentara hoy al problema de la congestión orbital y la basura espacial, aplica su genio a la física fundamental. No propone capturar desechos con redes, sino que concibe un sistema pasivo que aprovecha las propiedades del espacio. Su solución reinterpreta su famoso principio para el entorno espacial, donde la gravedad y el magnetismo sustituyen al agua.
El principio de flotabilidad magnética
Arquímedes postula que los satélites operativos pueden generar un campo de fuerza controlado, una suerte de flotabilidad magnética. Este campo desplaza el volumen del espacio-tiempo inmediato, creando un efecto similar al de un cuerpo que sumerges en un fluido. Los objetos inertes, con una densidad magnética distinta, experimentan un empuje neto. Este empuje no los destruye, sino que modera su trayectoria de forma predecible y natural.
Un sistema pasivo que limpia órbitas
El objetivo final es dirigir la basura espacial hacia trayectorias de reentrada atmosférica. El campo actúa como una fuerza suave y constante que empuja los fragmentos inactivos hacia capas atmosféricas más densas, donde se desintegran. Así, las órbitas útiles se limpian solas, sin necesidad de misiones de captura activa que consumen muchos recursos y suponen un riesgo. El sistema se mantiene por la propia operación de la constelación de satélites.
Quizás hoy exclamaría Eureka no al entrar en una bañera, sino al ver cómo los satélites activos desplazan la chatarra hacia su desintegración natural, limpiando el fluido del espacio cercano sin ensuciarse las manos.