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El Veredicto de las Brujas de Salem
Esta escena de guión fusiona el juicio histórico de Salem con una distopía tecnológica. En ella, acusan a una mujer de desconexión ilegal por no usar implantes neuronales. El proceso judicial consiste en un escaneo cerebral público. La acusada está sujeta en una silla de contención mientras proyectan sus recuerdos y pensamientos privados para que una multitud los juzgue. La reacción del público no es espontánea, sino que la dicta una notificación de la red social.
La acusada y el escaneo cerebral público
La escena se desarrolla en un auditorio futurista y frío. La acusada, una mujer joven, está inmovilizada en una silla metálica. Un casco de electrodos cubre su cabeza. Un holograma gigante muestra fragmentos de su vida interior: recuerdos de un bosque sin conexión, pensamientos críticos sobre el sistema y momentos de silencio mental. Cada imagen privada que se proyecta recibe un veredicto inmediato de la audiencia, cuyo rostro colectivo se ilumina al unísono con la luz de sus dispositivos, mostrando aprobación o rechazo según lo que indica su feed.
El papel de la multitud y la red social
La multitud no actúa por voluntad propia. Un tono de notificación suena en el auditorio y, al instante, las expresiones faciales de los espectadores cambian para reflejar la emoción dictada: ira, desprecio o satisfacción. Este control sutil subraya el tema principal: la pérdida de la intimidad y el pensamiento independiente. El juicio no busca la verdad, sino hacer cumplir la conformidad mediante una humillación tecnológica. La escena culmina cuando el sistema declara culpable a la acusada, no por un crimen tangible, sino por el delito de poseer una mente propia.
El verdadero hechizo no lo lanza la acusada, sino el algoritmo que sincroniza el odio de la multitud.