La tecnología LIDAR detecta túneles de contrabando en fronteras
Los cuerpos de seguridad emplean escáneres LIDAR aéreos y terrestres para identificar túneles de contrabando. Estos sistemas emiten pulsos láser que miden con precisión la distancia al suelo. Al procesar millones de estos puntos, se genera un modelo tridimensional detallado del terreno. La clave reside en que cualquier excavación subterránea, por pequeña que sea, altera la estructura del suelo y causa microhundimientos en la superficie. El escáner LIDAR capta estas variaciones mínimas en la topografía, que son invisibles al ojo humano, y las revela en los mapas de elevación digital. Esta técnica permite inspeccionar vastas extensiones de frontera de forma rápida y no intrusiva, priorizando zonas sospechosas para una investigación más directa.
El escaneo aéreo cubre grandes áreas con rapidez
Las aeronaves equipadas con LIDAR sobrevuelan la línea fronteriza y recopilan datos topográficos de forma masiva. Este método es ideal para examinar terrenos extensos o de difícil acceso, como desiertos o zonas montañosas. Los sensores desde el aire pueden penetrar la vegetación ligera y obtener un modelo del suelo desnudo. Los algoritmos especializados comparan los modelos del terreno captados en diferentes momentos. Cualquier cambio en la elevación, aunque sea de pocos centímetros, se marca como una anomalía potencial. Así, las autoridades pueden localizar posibles entradas o respiraderos camuflados y trazar la ruta aproximada del túnel bajo tierra.
La inspección terrestre confirma y detalla los hallazgos
Una vez identificada una anomalía desde el aire, los equipos en tierra acuden para una verificación precisa. Utilizan escáneres LIDAR terrestres o estaciones totales para obtener un modelo tridimensional de alta resolución del sitio exacto. Esta información detallada permite planificar una intervención segura y eficaz. La combinación de ambos métodos, aéreo y terrestre, crea un sistema de doble filtro que optimiza los recursos. Se evita excavar a ciegas y se focaliza la acción en los puntos donde la evidencia geotécnica es más sólida.
A veces, la tecnología más avanzada sirve para encontrar lo que ya se sospecha: que el problema no está sobre la mesa, sino justo debajo de ella.