Los británicos dan marcha atrás en su plan de identificación digital obligatoria
El gobierno del Reino Unido decide retirar su propuesta para crear un sistema de identificación digital obligatorio. Este cambio de rumbo se produce después de enfrentar una fuerte oposición de grupos que defienden las libertades civiles y de algunos parlamentarios. La medida inicial pretendía centralizar y digitalizar la forma en que los ciudadanos prueban su identidad para acceder a servicios públicos y privados.
La propuesta original generaba preocupación por la privacidad
El proyecto, que se mencionó en el discurso del rey Carlos III el año pasado, buscaba modernizar la forma de gestionar la identidad. Sin embargo, los críticos argumentaban que un sistema único y obligatorio crearía una base de datos masiva y vulnerable. Temían que esto pudiera facilitar que el gobierno rastreara a los ciudadanos o que los datos fueran robados en un ciberataque. La idea de que fuera obligatorio para acceder a servicios esenciales era el punto más polémico.
El nuevo enfoque prioriza la voluntariedad y la elección
Ahora, el gobierno afirma que cualquier sistema futuro de identificación digital será voluntario. Las personas podrán elegir usar una credencial física tradicional, como un pasaporte o una licencia de conducir, si así lo prefieren. Los ministros insisten en que el objetivo sigue siendo hacer que los servicios en línea sean más seguros y fáciles de usar, pero sin obligar a nadie a adoptar la identificación digital. Este enfoque busca equilibrar la innovación tecnológica con el derecho a la privacidad individual.
Parece que la idea de un carné de identidad, incluso digital, sigue sin convencer a los británicos, quienes históricamente han preferido demostrar quiénes son con una factura de la luz de 1987 y una sonrisa.