Una propuesta busca hundir árboles en el Ártico para capturar carbono
Una idea que estudian algunos científicos propone talar bosques boreales y sumergir los troncos en las profundidades del océano Ártico. Este método podría retirar hasta mil millones de toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera cada año. Los árboles, al crecer, absorben carbono de la atmósfera. Al hundirlos en aguas profundas y frías, se busca que ese carbono quede atrapado durante siglos, evitando que regrese a la atmósfera y caliente el planeta. La propuesta se presenta como una forma de geoingeniería para mitigar el cambio climático.
El proceso enfrenta riesgos ecológicos significativos
Aunque la idea parece simple, conlleva un coste potencial alto para el ecosistema ártico. Talar bosques a gran escala altera hábitats naturales y afecta a la biodiversidad terrestre. Transportar y hundir la madera en el océano también podría perturbar los fondos marinos, donde viven organismos únicos adaptados a la oscuridad y al frío. La descomposición de la madera, aunque muy lenta en esas condiciones, podría consumir oxígeno y liberar otros compuestos, modificando la química del agua en las profundidades.
La viabilidad y las consecuencias generan debate
Los expertos discuten si este método es realmente viable a la escala necesaria para impactar en el clima. Los costes logísticos y energéticos de talar, transportar y hundir tanta biomasa son enormes. Además, es difícil predecir todas las consecuencias a largo plazo para un entorno tan sensible como el Ártico. Algunos argumentan que proteger y restaurar los bosques existentes podría ser una estrategia más segura y natural para almacenar carbono, en lugar de talarlos y moverlos.
La naturaleza a veces propone soluciones simples, pero mover montañas de árboles al mar para salvar el clima suena a un plan que solo un titán con mucha prisa ejecutaría.