Los analistas del BIS explican el impacto económico de invertir en IA
El Banco de Pagos Internacionales (BIS) publica un análisis donde indica que el dinero que se destina a desarrollar inteligencia artificial aún no impulsa el Producto Interior Bruto de Estados Unidos con la misma fuerza que lo hicieron otras innovaciones tecnológicas en el pasado. El estudio sugiere que, aunque el sector crece, su efecto macroeconómico directo es más moderado y tarda más en materializarse. Los expertos observan que la transformación productiva que genera la IA es profunda, pero su traducción en cifras de crecimiento amplio es un proceso gradual.
La deuda del sector emerge como un riesgo potencial
El informe del BIS destaca un dato que puede suponer un problema: la deuda acumulada por las empresas que se centran en la inteligencia artificial ya supera los 200.000 millones de dólares. Este nivel de endeudamiento, necesario para financiar la costosa infraestructura de computación y los avances en investigación, genera inquietud entre los reguladores. Temen que una corrección en el mercado o un retraso en los rendimientos esperados pueda tensionar el sistema financiero, ya que gran parte de esta deuda está en manos de actores no bancarios.
El contraste con booms tecnológicos anteriores es notable
Cuando se compara con momentos históricos como la popularización de internet o la electrificación, el actual ciclo de la IA presenta diferencias clave. Su desarrollo depende más de grandes inversiones de capital inicial y de un reducido grupo de empresas proveedoras de hardware, como Nvidia, que suministra los chips esenciales. Esto concentra los beneficios y puede ralentizar cómo se distribuyen las ganancias de productividad al resto de la economía, lo que explica en parte su efecto limitado en el PIB agregado por ahora.
Parece que incluso la inteligencia más artificial debe enfrentarse a las leyes más naturales de la economía: nada crece hacia el cielo sin acumular algo de peso muerto.